Aunque muchas veces la pensión se percibe como algo que depende solo del sueldo o del porcentaje de cotización, en realidad su monto final se construye a lo largo de toda la vida laboral. Influyen el ahorro acumulado, la continuidad de las cotizaciones, la rentabilidad de los fondos, la edad de jubilación y la forma en que se gestiona cada etapa del trabajo.
Una de las preguntas más comunes que tiene un trabajador en plena etapa laboral es qué se puede hacer para robustecer el rendimiento del ahorro previsional.
Como es lógico, el primer factor es el ahorro acumulado en la cuenta individual. Este incluye las cotizaciones obligatorias, pero también aportes como el APV o depósitos convenidos. A mayor ingreso imponible, mayor es el ahorro generado. Sin embargo, no basta con cuánto se ahorra, sino también con la regularidad con que se hace: las lagunas previsionales reducen tanto el capital acumulado como el tiempo que esos fondos tienen para crecer.
En este punto, herramientas como Previred (www.previred.com) cumplen un rol clave. Esta plataforma permite declarar y pagar cotizaciones previsionales en línea, integrando en un solo sistema los aportes de AFP, salud y seguro de cesantía. Su uso facilita el cumplimiento mensual y ayuda a evitar atrasos o errores que pueden generar lagunas previsionales, impactando directamente en la pensión futura.
El factor más decisivo: cuándo empiezas a cotizar
Uno de los elementos más determinantes en la pensión es el momento en que se inicia el ahorro. Empezar temprano puede marcar diferencias relevantes: incluso retrasar el inicio de cotizaciones en solo dos años puede reducir la pensión en torno a un 11%, manteniendo constantes otras variables como ingreso y continuidad laboral.
El efecto del tiempo es aún más claro cuando se observa a largo plazo. Se estima que los primeros 10 años de cotizaciones (entre los 25 y 35 años) pueden representar hasta un 40% del saldo final de la pensión, debido al impacto de la rentabilidad compuesta: el dinero no solo se ahorra, sino que también genera retornos que se reinvierten.
Este mismo fenómeno se observa en el Ahorro Previsional Voluntario (APV). Un ahorro mensual de $20.000 puede acumular cerca de $3,1 millones en 10 años, más de $7,3 millones en 20 años y casi $12,9 millones en 30 años. En este último caso, cerca de un 45% del total proviene de rentabilidad y aportes estatales, lo que evidencia cómo el tiempo potencia el resultado.
A pesar de esto, el inicio del ahorro suele ser tardío. En Chile, la edad promedio de incorporación al sistema previsional es de 27 años, y los saldos de los jóvenes han caído en los últimos años: entre personas de 25 a 30 años, el promedio bajó de $4,4 millones en 2019 a $2,2 millones en 2023.
Finalmente, la edad de jubilación, la modalidad de pensión y la existencia de beneficiarios también pueden modificar el resultado final. En términos simples, trabajar más años o jubilar más tarde permite acumular más recursos y distribuirlos en menos tiempo, lo que aumenta el monto mensual.
¿Qué se puede hacer para mejorar la pensión?
Las decisiones personales sí tienen impacto. Cotizar de forma continua, reducir las lagunas previsionales, aumentar gradualmente el ahorro y comenzar lo antes posible son factores que pueden mejorar significativamente el resultado final. Herramientas como Previred ayudan a asegurar esa continuidad en el pago mensual.
En pensiones, el tiempo no se recupera. Por eso, empezar temprano y mantener la constancia en el ahorro puede ser una de las decisiones más importantes para el futuro.



